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Trayectos Orgánicos. Luna Domingo.

No todas las relaciones que el individuo mantiene con su entorno tienen una traducción cartográfica. Más allá de las líneas y colores figurados, trazados convencionalmente sobre el plano ficticio de los mapas geográficos, se extiende el camino real que hay que seguir, que impondrá sus exigencias a la voluntad y a la resistencia tanto física como moral del viajero. Conviene deducir de ellos, quizás adivinar, en términos musculares y temporales, las circunvalaciones, los obstáculos a la progresión, los ríos infranqueables, los relieves, la localización de las zonas de frío o de calor, las lluvias, las tempestades, los monzones, las inundaciones posibles, las adversidades sociales o lo que realmente se encuentra como volúmenes, como piedra o tierra, como montañas o agua, en una comarca determinada del mundo geográfico.

Trayectos Orgánicos aborda la naturaleza, la experiencia de caminar y la vivencia del camino como fenómenos y experiencias artísticas que a diferencia de las sistemáticas representaciones geográficas de la Tierra en una superficie plana, introduce el componente subjetivo, emocional, intangible e invisible, fruto de una activa meditación sensorial plena que hace visible lo invisible, esto es, la disposición o aptitud para vivir que Luna Domingo tiene para con el entorno que le rodea. Si la especie humana, como nos recordaba Leroi-Gourhan, comienza por los pies, estos, al no tener raíces, están hechos para moverse. De ahí que caminar sea una apertura al mundo, un vivir el cuerpo, un aventurarse corporalmente en la desnudez del mundo, un rodeo para reencontrarse con uno mismo. Como cualquier caminante, Luna Domingo tiene un proyecto, una intención al principio de su viaje.

En primer lugar, registrar el trayecto recorrido mediante una máquina creada por ella misma, que genera ciegamente un dibujo en base al movimiento de todo su cuerpo mientras transita, y que su resultado sólo es revelado al abrir la máquina (Trayecto 1, Trayecto 2, Trayecto 3, Trayecto 4, Trayecto 6). Y en segundo lugar, elegir el escenario natural en el que detenerse a mirar para, después, decidir qué naturaleza proyectar sobre el papel de acuarela (Margaritas, Adormideras, Cerezo, Cardenchas, Amapolas, Coris, Ababoles, Cardos, Parte del camino, Tomillo, Brote, Prado, Tulipanes, Pez luna, Claveles, Uno de mis caminos, Otoño, Viboreras, Orquídeas y escaramujos, Espigas, Al atardecer, Al anochecer, Jaras, Río, La herida). La magia de los dibujos imprevisibles gestados por la máquina y la delicadeza tranquila y pensada de las acuarelas convierten la obra de Luna Domingo en un mapa subjetivo y emocional que nos invita a sentir su caminar.

Gracia Iglesias Mínguez